Ella y yo

Margarita, es un persona dulce, alegre, cálida y muy bondadosa, ella atiende con mucho amor en nuestra tienda botánica Fitofilia, en el centro comercial Oviedo en Medellín. Nos comparte esta linda reflexión acerca de su relación con una planta.

Ella llegó a mi vida un día que aparentaba ser como cualquier otro, sin saber quién era, cómo se llamaba o de qué forma se comportaba, la saludé por cortesía, un amigo la llevó a casa en una fecha especial.

Estaba a la expectativa porque sin mi consentimiento se quedó a vivir conmigo, sin preguntar cuál era mi posición al respecto, allí inmóvil y en silencio sentada en mi sala,  esperaba que la aceptara y eso me alteró un poco, pero decidí ayudarla solo por unos días mientras miraba como podía encontrarle otro lugar para vivir.

Ella es muy consentida, no se alimenta tan fácil, no se adapta a mi espacio como yo lo esperaba y me pide todo el tiempo atención, ya no era suficiente preocuparme por mis problemas sino que también tenía que estar al tanto de cómo se sentía a diario.

Ella es caprichosa, se desmaya si le falta mi atención y cuidado, hasta que no le doy el tiempo que me pide no se vuelve a levantar.

De un momento a otro nos fuimos conociendo más, ya sé que le encanta tomar el sol en las mañanas, recibir el viento de la tarde y que detesta el frío de las noches. Entendí que se alimenta poco y que prefiere lo orgánico. Empecé a observar que cuando estoy con ella y le invierto mi tiempo se pone más feliz y de buen humor.

Nos volvimos amigas, hermanas, aliadas. Cuando llego de mal humor me escucha, acompaña y me regala paz de esa que solo puede trasmitir un ser lleno de bien; cuando estoy feliz nos acicalamos juntas: yo le doy agua y ella me da oxígeno, si llega un momento especial en mi hogar, ella ocupa un lugar de cortesía  y brilla para todos los visitantes.

El cuidarla me enseñó a cuidarme, el amarla me llevó a amarme y el aceptarla en mis días me inspiró a percibir el mundo de una forma diferente.

Ella está sembrada en un matero muy especial, con mi color favorito: el dorado, y con un estilo inigualable, porque mi mejor amiga y yo tenemos buen gusto.

Cuando esa planta llegó a mi vida comencé a ser más consciente, sensible y alerta con todo ser viviente que me acompaña en el diario vivir y así entendí que no soy solo yo: somos ella y yo.

Atrévete a tener plantas que alegren tu vida, que cambien tu pensamiento y que influyan en tu acción.

¿Cuál es tu amiga vegetal? Contéstanos en los comentarios 🙂

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