3 formas de volver a tus raíces

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Hace poco escuché a alguien decir “soy muy buena con la teoría del cuidado de las plantas, y pésima en la práctica”. Esto no solo me pareció gracioso, sino que resonó profundamente conmigo. Confieso que soy de esas personas a quienes les ha costado mucho trabajo aprender a cuidar sus plantas. Y no es que la sensibilidad hacia la naturaleza no esté, todo lo contrario. Nunca soy mas feliz que cuando me encuentro en un bosque, el campo o la montaña; he desarrollado relaciones muy cercanas con plantas que me han acompañado en momentos críticos de mi vida y uno de mis pequeños placeres favoritos es hacerle piropos a cuanta planta me encuentro, tocarla, reconocerla y conectarme con ella a través del tacto.

Relacionarse con el mundo vegetal, tanto con las plantas silvestres, como domésticas, no es algo que culturalmente nos hayan inculcado, simplemente es cuestión de intentarlo; de abrirse y querer conectarse, de cultivar un lado más sensible, más conciente y más presente.

Es una pena que en nuestro mundo super tecnológico, rápido y ausente, pasatiempos como estar conectados a todos los aparatos existentes sean constantemente reforzados, en vez de privilegiar la cercanía con la naturaleza. Al parecer hemos olvidado lo importante que puede ser sembrar un árbol o cultivar la relación con una planta desde pequeños. También es un poco triste que en países como Colombia, donde el clima permite sembrar y cosechar durante todo el año, no haya más iniciativas de jardines comunitarios o una cultura sólida de jardinería urbana. 

Esto dicho, sí existe una tendencia cada vez más fuerte a alejar los aparatos y acercarse a la naturaleza. Hay una necesidad latente en el inconsciente colectivo de rescatar y reconocer esos saberes que han estado ahí siempre y que están en nuestra memoria ancestral. Hay un anhelo muy fuerte por ir más profundo, por entender mejor nuestra parte dentro de este cosmos, por volver a la raiz.

Desde que Sativa y Yerbateria, nuestra marca hermana, nacieron, nuestra filosofía ha sido fomentar el amor a las plantas y la conexión a la tierra por encima de todas las cosas. Por eso hoy queremos darte tres consejos simples para que te conectes, te enraíces y te permitas cultivar una mejor relación con ellas, con tu territorio, con tu ecosistema y con la tierra. Bien sabido es que una planta cuyas raíces están mal arraigadas a la tierra, son débiles o les falta nutrición, no podrá crecer fuerte. Hoy, la mente, la razón y el intelecto están sobrevalorados y poco conectamos con nuestro origen. Hasta que no sanemos este vínculo será muy difícil evolucionar tanto a nivel individual como colectivo. ¿Cómo podríamos crecer fuertes si nuestro cimiento es débil?

  1. Empezar en casa

La manera mas fácil de conectarte con la raiz es cuidando de plantas en tu propia casa. Planta, siembra, adopta o propaga, lo importante es que empieces a entablar una relación con ellas, que las conozcas, que te permitas experimentar. Después de todo, experimentando inventamos la agricultura, ideamos la culinaria y apareció la medicina. Siente la tierra, observa las tonalidades de verde de tus plantas, sus texturas, formas y el color de sus flores o frutos. ¿Reconoces similitudes entre ellas y tu propio cuerpo?

Presta atención a los cambios, pues así entenderás mejor qué les hace bien y que no y podrás conocer sus ciclos. Recuerda que los tiempos de la naturaleza son diferentes a los inventados por el hombre y permítete observar con paciencia. Observa como el sol y la luna tienen un impacto en estos ciclos.Inscríbete en algún taller o curso de jardinería, habla con las yerbateras de tu plaza de mercado favorita, o acude a las miles de referencias online que existen. 

Recuerda que si estás en Medellín, este mes tenemos dos talleres maravillosos, tanto para principiantes, como para jardineros avanzados y consulta aquí, consejos fáciles para empezar tu propio jardín y para sembrar tu huerta casera.

  1. Vivir el entorno

Vivo en una ciudad donde es muy fácil acceder a las montañas. Como yo, cientos de personas acuden a diario a senderos ecológicos buscando conectarse con el aire limpio y fresco, con el verde envolvente y el rocío del amanecer. Durante muchos años viví en países de extremas estaciones y encontraba vital conectarme con mi entorno natural sin importar las condiciones climáticas. Poco a poco este espacio se fue convirtiendo en un ritual tan necesario que hoy lo incorporo a diario así sea en alguna caminata corta por una calle verde. ¿Qué opciones tienes dentro de tu ciudad? ¿Puedes visitar alguna playa, llegar a un río o simplemente pasar una tarde en un parque? Técnicas como caminar descalzo en la tierra, abrazar un árbol o simplemente permitirse estar en contemplación de la naturaleza, en silencio, son increiblemente poderosas para nuestro espíritu. Calman nuestro sistema nervioso, reducen el caos mental y nos permiten cambiar de perspectiva. 

  1. Generar consciencia

Una de las cosas que mas ha ayudado en mi búsqueda de conexión con la raiz, ha sido empezar por enterarme de lo que está pasando a mi al rededor. Al hablar con personas, al buscar información, al entender cada vez más el alcance de mi impacto, he logrado tener una mayor consciencia, pudiendo dimensionar a qué punto mis acciones diarias son significativas. Esto me ha permitido hacer cambios en la forma como me alimento, como me relaciono con los seres vivos, como consumo o los productos que utilizo y ha fomentado en mi una necesidad de propagar la consciencia del cuidado y conexión con la tierra. Todo gesto cuenta y el impacto es inmesurable cuando se hace a nivel colectivo, por eso es importante informarse, aprender y hablar, hablar y hablar del tema. 

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Cuando volvemos a la raíz, nos damos cuenta de que absolutamente todo lo que nos rodea está conectado, de que somos parte de un mismo organismo viviente que nos mantiene y sostiene a través del espacio y del tiempo. Esto nos permite vivir de una forma mas armónica, respetuosa y simbiótica con nuestro entorno. Al fortalecer la raiz, se fortalece todo el sistema y sólo así crecemos y nos expandimos. Conéctate contigo mismo, con tu centro y con tu origen al crear una conexión real con la naturaleza. Vive los ciclos naturales de la luz, las estaciones, las temporadas y sus momentos. Observa los cambios sutiles en la naturaleza, tanto doméstica como silvestre, a tu alrededor. 

Recuerda que el conocimiento hace parte de ti y siempre ha estado ahí, es cuestión de dejarlo florecer.

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